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Instagram para hoteles y alojamientos: qué funciona y qué no
Un hotel de 18 habitaciones en la costa de Cádiz y una casa rural con tres apartamentos en el Maestrazgo tienen un problema parecido en Instagram…
Un hotel de 18 habitaciones en la costa de Cádiz y una casa rural con tres apartamentos en el Maestrazgo tienen un problema parecido en Instagram: publican fotos bonitas del sitio y no pasa nada. Ni mensajes, ni reservas, ni gente nueva. Y la sensación es que Instagram "no sirve para esto".
Sirve, pero funciona distinto que en una peluquería o un bar. En un alojamiento no vendes algo que alguien compra al pasar por delante. Vendes una decisión que se toma en el sofá, un domingo por la noche, a 300 kilómetros de tu puerta. Todo lo que hagas en Instagram tiene que ir dirigido a ese momento.
Tu cliente no está en tu calle (y eso lo cambia todo)
Esta es la diferencia grande con cualquier otro negocio local. La peluquería quiere llegar a gente que vive a diez minutos. Tú quieres llegar a gente que vive a dos o tres horas en coche, o directamente en Madrid, Bilbao o Barcelona.
Eso significa que cuando publicas o cuando pones dinero detrás de una publicación, la zona que te interesa no es tu pueblo. Es la ciudad de la que vienen tus huéspedes. Si llevas tiempo abierto, ya lo sabes: mira las últimas 50 reservas y apunta de dónde venían. Casi siempre salen dos o tres focos claros. Ahí es donde tienes que aparecer.
Hay una excepción importante: si tienes restaurante, bar, spa o piscina abiertos al público, ahí sí juegas como un negocio de barrio. El menú del domingo o el bono de circuito termal se lo vendes a gente de la comarca. Son dos públicos distintos y conviene no mezclarlos en la misma publicación.
Si no sabes cómo van tus publicaciones actuales ni de dónde te llega la gente, pásate tu cuenta por el analizador. Es gratis y te dice qué has publicado, qué ha funcionado mejor y qué no. Mejor decidir con tus datos que con lo que te parece.
Qué contenido funciona de verdad en un alojamiento
Lo que funciona tiene un patrón: reduce la incertidumbre. Quien está mirando dónde dormir tiene miedo a equivocarse. Miedo a que la habitación sea más pequeña, a que el pueblo esté muerto, a que no haya donde aparcar, a que la foto de la piscina sea de hace ocho años. Cada publicación que quita uno de esos miedos acerca la reserva.
En la práctica, esto es lo que suele mover algo:
- El recorrido de una habitación real, sin cortes. Entras por la puerta con el móvil y andas despacio: cama, baño, ventana. Veinte segundos. Sin cortes es clave, porque el corte huele a que estás escondiendo algo. La habitación tiene que estar recién hecha, con la luz natural que tenga a esa hora.
- Lo que se ve desde la ventana. Un plano fijo de diez segundos con el sonido de verdad: pájaros, olas, la campana de la iglesia. Nada de música de moda encima. El sonido real es la mitad del argumento cuando vendes descanso.
- El entorno, grabado por ti. Los tres sitios a los que se va andando desde tu puerta. La cala a la que llegas en once minutos. El sendero. La bodega del pueblo de al lado. Mucha gente elige el destino antes que el alojamiento, así que si eres tú quien le enseña el destino, apareces antes en la decisión.
- El desayuno montándose. No el bufé perfecto: la mano cortando el pan, el aceite de la cooperativa, el nombre del panadero. Esto es lo que separa a un alojamiento con cara de un alojamiento genérico.
- Cómo llegar y dónde aparcar. Suena tonto y es de las cosas más agradecidas, sobre todo en casas rurales con desvío de tierra. La última curva, el cartel, la puerta, el sitio del coche. Le quitas un miedo real a alguien que viene con niños de noche.
Formato: el vídeo vertical corto manda para descubrir gente nueva, y la foto sigue funcionando muy bien para que quien ya te está mirando se decida. Si dudas entre uno y otro, lo explicamos con más detalle en este artículo sobre reels o fotos.
No vendes una habitación. Vendes la tranquilidad de saber exactamente a qué sitio vas a llegar.
Cuándo mira el móvil quien planea una escapada
Aquí hay dos momentos distintos y conviene no confundirlos.
El momento de soñar. Es cuando alguien está tumbado en el sofá pasando el dedo sin buscar nada concreto. Domingo por la tarde y noche, y de lunes a jueves a partir de las diez. Es cuando entra bien un vídeo del amanecer desde la terraza o del sendero. No pides nada, solo apareces.
El momento de decidir. Ahí ya se están mirando fechas, precios y quién viene. Suele pasar más entre semana y a horas de oficina disimulada: la mañana del martes, la pausa del café, el jueves a mediodía cuando alguien pregunta al grupo "¿nos vamos este finde?". Es cuando funcionan las publicaciones con información concreta: qué incluye, cuánto cuesta la noche de dos, qué hueco te queda.
Y luego hay una ventana de tiempo que casi nadie tiene en cuenta. La antelación con la que se reserva cambia muchísimo según el tipo de estancia. Son rangos aproximados, y en tu caso pueden ser otros, pero sirven para orientarte:
| Tipo de estancia | Cuándo se busca (aprox.) | Cuándo publicar ese contenido |
|---|---|---|
| Escapada rural de fin de semana | De unos días a tres semanas antes | Martes y jueves de la semana anterior |
| Playa en verano, familias | Meses antes | De febrero a mayo |
| Puentes y Semana Santa | Cuatro a ocho semanas antes | Empieza un mes y medio antes |
| Viaje de trabajo, hotel urbano | De un día a una semana antes | Contenido siempre disponible en el perfil, no en el feed |
La consecuencia es incómoda: el contenido de verano hay que publicarlo en primavera. En julio, con la piscina llena, ya llegas tarde para vender julio. Lo que estás vendiendo en julio es el verano que viene y los puentes de otoño. Sobre qué hacer en el mes raro por excelencia, tienes un artículo entero dedicado a agosto.
Los tres errores que se repiten en las cuentas de hoteles
1. Fotos que prometen más de lo que hay. El gran angular que convierte una habitación de 14 metros en un loft, el cielo azul añadido, el plano cortado justo antes del edificio de al lado. Puede que traiga alguna reserva más, pero te la cobras en reseñas de tres estrellas con la frase "no se parecía a las fotos". En alojamiento, la decepción es carísima: te baja la nota, y la nota es lo que te trae la siguiente reserva. Enseña lo que hay, bien iluminado y bien ordenado. Eso ya es suficiente.
2. Hablar solo del hotel. Cuentas que son un catálogo de habitaciones, una detrás de otra, y nada más. Nadie viaja a una habitación. Se viaja a un sitio. Si en tu perfil no aparece el pueblo, la playa, el mercado, la ruta ni la gente, le estás quitando a tu alojamiento su mejor argumento.
3. Desaparecer en temporada baja. Es el más común. En agosto se publica cada día porque está todo lleno y hay material de sobra. En noviembre, cero. Y noviembre es justo cuando alguien está pensando en el puente o en una escapada de dos noches con chimenea. Publicar tres veces por semana todo el año da mejor resultado que publicar a diario dos meses y desaparecer diez. Si quieres una pauta realista, mira cuántas veces conviene publicar.
Que el enlace de reserva funcione y lleve a una página que se vea bien en el móvil. Si alguien te descubre en un vídeo, entra al perfil y se encuentra un enlace roto o una web que tarda ocho segundos en cargar, has pagado todo el trabajo para nada.
Cinco publicaciones que puedes grabar esta semana con el móvil
- "La 4, recién hecha." Vídeo de veinte segundos, sin cortes, entrando por la puerta y llegando hasta la ventana. Grábalo a la hora que mejor luz natural tenga esa habitación. Si tienes varias tipologías, es una publicación por tipología y ya tienes contenido para semanas.
- "Lo que se oye a las siete de la mañana." Plano fijo desde la terraza o la ventana, diez segundos, sonido real, sin música. Repítelo en distintas estaciones: la misma vista en enero y en mayo es una publicación nueva cada vez.
- "Tres sitios a menos de quince minutos andando." Te grabas caminando y hablando tú, aunque sea con acento y sin guion. Sale mejor así que perfecto. Vale la panadería, el mirador y el bar donde ponen bien el vermut.
- "Cómo se llega." Desde el desvío de la carretera hasta el aparcamiento. Cinco planos cortos. Esta publicación se guarda mucha gente que ya ha reservado, y eso le da vida en Instagram durante días.
- "Nos queda libre el finde del 14." Directo, con la foto de la habitación concreta, el precio de las dos noches y qué incluye. Lo natural es callarse cuando hay huecos, por vergüenza. Es al revés: es la publicación que más mensajes suele generar, porque le pone fecha a una decisión que estaba flotando.
Si te atascas escribiendo el texto que va debajo, tenemos una guía para escribir los pies de foto sin dar vueltas.
Qué merece la pena promocionar con dinero
Poner dinero solo tiene sentido si la publicación ya funciona sola y si le puedes decir a Instagram dónde vive la gente que te interesa. En alojamiento, esto es lo que suele merecer la pena:
- El vídeo del entorno o de la habitación, dirigido a tu ciudad de origen. No a tu provincia: a Madrid, a Valencia, a donde de verdad vengan tus huéspedes. Es lo que más sentido tiene porque llega a gente que aún no te conoce.
- La publicación de disponibilidad de última hora, lanzada entre el martes y el jueves de la semana anterior, con un presupuesto pequeño y un radio de dos horas en coche. Aquí el objetivo es cerrar noches que ibas a perder igual.
- Lo que le vendes a la gente de la zona: el menú del restaurante, el brunch del domingo, el bono de spa. Aquí sí eres un negocio local puro y la segmentación cercana funciona.
Y lo que no: publicaciones de agradecimiento, fotos del equipo, felicitaciones navideñas y cualquier cosa que no lleve a una acción. Que estén en tu perfil está bien. Pagar por ellas, no.
Sobre el botón «Promocionar» de Instagram
El botón «Promocionar» que sale debajo de tus publicaciones tiene mala fama y no es del todo justa. Para lo básico va bien: presupuesto pequeño, tres días, objetivo "visitas al perfil", y no tienes que aprender nada. Si nunca has puesto un euro, empezar por ahí con 10 o 15 euros para ver qué pasa es una decisión perfectamente razonable.
Sus límites aparecen enseguida. Te deja elegir una zona, pero no distingue entre alguien que vive en tu pueblo y alguien de Madrid que está mirando escapadas. Tampoco te deja separar bien al público local del público de fuera, que es justo lo que un alojamiento necesita. Cuando ya sabes qué publicación tirar y a quién, se te queda corto.
Por dónde empezar si hoy no publicas nada
No intentes montar un plan de contenidos de tres meses. Haz esto:
- Graba el recorrido de una habitación esta semana. Sin cortes, con la luz de la mañana.
- Graba el plano de la vista con sonido real. Te lleva un minuto.
- Mira de dónde venían tus últimas 50 reservas y apunta las dos ciudades que más salgan.
- Pasa tu cuenta por el analizador y compara con lo que ya has publicado antes.
No te va a garantizar nada nadie, y menos nosotros: los resultados dependen del sector, de la temporada, de tu contenido y de cuánto inviertas. Un hotel urbano de 40 habitaciones y una casa rural con dos apartamentos no juegan el mismo partido. Lo que sí puedes controlar es enseñar lo que tienes tal como es, hablar del sitio y no solo de la cama, y no desaparecer en noviembre.
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