Por sectores
Instagram para empresas de reformas: qué funciona y qué no
Una reforma no se compra por impulso. Nadie ve un vídeo tuyo a las once de la noche y te llama a la mañana siguiente para tirar la cocina. Entre que…
Una reforma no se compra por impulso. Nadie ve un vídeo tuyo a las once de la noche y te llama a la mañana siguiente para tirar la cocina. Entre que alguien te descubre en Instagram y firma un presupuesto pueden pasar tres meses, seis o un año. Eso lo cambia todo: tu cuenta no está ahí para vender hoy, está ahí para que cuando esa pareja por fin se decida, tú seas el nombre que les viene a la cabeza. Y para que, cuando pidan tres presupuestos, el tuyo entre con ventaja porque ya han visto cómo trabajas.
Con eso en la cabeza, casi todo lo que se suele hacer mal en las cuentas de reformas se entiende mejor.
Lo que funciona de verdad: el «durante», no solo el «después»
La foto del baño acabado es bonita. El problema es que un baño acabado, blanco, con la mampara limpia y una toalla doblada, se parece muchísimo a cualquier foto de catálogo. Quien lo ve no sabe si lo has hecho tú, si lo has copiado de Pinterest o si es de una revista. No transmite oficio.
Lo que sí transmite oficio es el proceso. Concretamente tres cosas:
- El derribo. Un tabique cayendo, el gres saltando, el escombro llenando el saco. Es visualmente muy potente y suena bien. Diez o quince segundos bastan.
- El detalle técnico. El corte del gres en el rincón donde se juntan dos paredes. El sellado del plato de ducha. Cómo queda la instalación de fontanería antes de cerrar la pared. Esto es lo que separa a un profesional de un chapuzas, y el cliente medio no lo sabe hasta que se lo enseñas.
- La explicación en voz alta. Tú, con el móvil en la mano, en la obra, diciendo: «esto que veis aquí es una viga, este tabique no se puede tirar sin más». Sin guion. La gente entra en pánico con las reformas porque no entiende nada, y quien le explica algo se convierte en el que sabe.
Un baño terminado responde a «cómo queda». El proceso responde a «puedo confiar en esta gente». En una compra de 6.000 o 20.000 euros, la segunda pregunta pesa más que la primera.
En formato, el vídeo corto le gana a la foto en este sector con bastante claridad, sobre todo para el proceso: el movimiento es la mitad del contenido. Pero no tires las fotos a la basura. El carrusel de fotos funciona muy bien para los antes/después y para explicar materiales, porque la gente desliza despacio y compara. Si quieres profundizar en cuándo usar cada cosa, lo desarrollamos en este artículo sobre reels y fotos.
El «antes» se graba el primer día o no existe
Este es el error que más dinero deja en la mesa, y es puramente logístico. Llegas a la obra, el cliente te está esperando, hay que descargar herramienta, y a la media hora ya has quitado la puerta del baño y has empezado a picar. Cuando cinco semanas después quieres publicar el antes/después, resulta que del «antes» solo tienes una foto borrosa hecha desde la puerta con el flash.
Convierte esto en un paso fijo de tu protocolo de inicio de obra, igual que proteger el suelo o firmar el parte:
- Antes de tocar nada, abre todas las persianas y enciende todas las luces.
- Graba un vídeo lento, en vertical, recorriendo la estancia. Sin hablar si te da vergüenza, pero grábalo.
- Haz tres fotos fijas desde las esquinas, en diagonal, para que se vea profundidad.
- Repite exactamente esas mismas tres posiciones el día de la entrega.
El truco del antes/después bueno es que la cámara esté en el mismo sitio. Si el «antes» está hecho desde la puerta y el «después» desde dentro con gran angular, el contraste se pierde y parece otra casa. Con el mismo encuadre, el efecto es inmediato.
Cuándo mira el móvil la gente que va a reformar
Tu cliente no es un negocio, es una persona que trabaja de nueve a seis y que decide la reforma en el sofá, con su pareja al lado. Ese es el momento clave: las nueve y media, las diez de la noche, cuando alguien saca el móvil y dice «mira estos, están en el pueblo». Muchas veces el primer contacto contigo no es un mensaje, es un pantallazo enviado por WhatsApp a la pareja, a la madre o al cuñado que sabe de obras.
Eso tiene dos consecuencias prácticas:
- Publicar a media mañana es lo peor que puedes hacer si tu contenido depende de que alguien lo vea con tiempo. A las once de la mañana tu cliente está trabajando. Las tardes-noches de entre semana y los domingos por la tarde suelen funcionar mucho mejor en este sector, porque es cuando se piensa en casa.
- Escribe pensando en el que recibe el pantallazo. Si en el texto no dice ni qué es ni dónde está, la conversación se corta ahí. «Reforma integral de baño en Villanueva, 11 días de obra» le da a esa pareja algo de lo que hablar.
Ahora, ojo: esto es un punto de partida, no una ley. Tus seguidores son tuyos y pueden comportarse distinto. En este artículo explicamos cómo mirar tus propios datos en vez de fiarte de lo que dice internet.
Los errores que se repiten en casi todas las cuentas de reformas
1. Publicar solo cuando terminas una obra
Si haces ocho reformas al año, eso son ocho publicaciones al año. Una cada mes y medio. Con esa frecuencia, la gente que te sigue no se acuerda de ti y los que te descubren ven una cuenta que parece abandonada. La obra en marcha te da material todos los días: no necesitas terminar nada para publicar. Sobre el ritmo razonable para un negocio pequeño, mira cuántas veces conviene publicar.
2. No decir nunca dónde trabajas
Cuentas con 40 publicaciones y en ninguna aparece un nombre de pueblo, una comarca o una provincia. Alguien de tu zona te ve, le gusta lo que haces y no tiene forma de saber si estás a 5 kilómetros o a 400. Y una empresa de reformas que trabaja en un radio de 30 kilómetros necesita que se sepa. Pon la ubicación real de la obra, nombra el municipio en el texto y ten en la biografía la zona en la que trabajas. No «reformas integrales»: «reformas de baños y cocinas en Aranda y alrededores».
3. Fotos con la obra sin recoger y sin luz
El «después» hay que hacerlo con la obra limpia, sin protección de suelo, sin cajas, sin el foco de trabajo puesto y a ser posible con luz de día. Una reforma impecable fotografiada con el escombro en un rincón y luz de fluorescente parece una reforma mediocre. Media hora de recoger y encuadrar bien te vale para el año entero, porque esa foto la vas a usar en presupuestos, en la web y en publicidad.
Si vas a hacer una sola cosa mejor mañana, que sea esta: mismo encuadre en el antes y en el después, y la estancia recogida en la foto final. Es gratis y cambia por completo cómo se percibe tu trabajo.
Cinco publicaciones concretas, grabables con el móvil
- «Así entramos hoy». Vídeo de 20 segundos recorriendo el piso el primer día, con la persiana subida, mientras dices en voz alta las tres cosas que vas a hacer: tirar el tabique de la cocina, cambiar toda la fontanería, nivelar el suelo. Publicado ese mismo día.
- El derribo del tabique. Móvil apoyado en algo fijo, plano ancho, y el tabique cayendo. Sonido original, sin música. En el texto: cuántos días de obra son en total y qué se gana con ese tabique fuera.
- Un solo detalle, primer plano. Diez segundos del corte del gres en la esquina de la ducha, o de la junta de la mampara sellada. Texto: «esto es lo que no se ve cuando pides presupuesto, y es donde luego aparecen las humedades».
- «¿Cuánto se tarda en reformar un baño?». Carrusel o vídeo desglosando fases con días aproximados: desmontaje y picado, instalaciones, albañilería, alicatado, sanitarios, remates. Da rangos honestos y di que depende del baño. Es una de las dudas que más se repite y la gente lo guarda.
- La pregunta real de un cliente. Coge algo que te hayan preguntado por WhatsApp esta semana — «¿se puede quitar esta pared?», «¿el suelo se puede poner encima del que hay?» — y respóndelo en la obra, en 30 segundos, señalando con el dedo. Este formato no se agota nunca porque las preguntas no se agotan nunca.
En reformas no ganas por publicar algo espectacular una vez, ganas por seguir apareciendo el día que a alguien se le rompe la cocina.
Qué merece la pena promocionar con dinero
Aquí hay que ser sensato. El botón «Promocionar» de Instagram — el que sale debajo de una publicación tuya y te deja pagar para que la vea más gente — funciona razonablemente bien para lo que a ti te interesa: llegar a gente de tu provincia o de un radio concreto alrededor de tu taller, y recibir mensajes directos. Es rápido, se configura en dos minutos y con 5 o 10 euros al día ya haces algo. Si nunca has puesto un euro en publicidad, empieza ahí antes de contratar a nadie.
La clave no es el botón, es qué promocionas.
| Merece la pena promocionar | No merece la pena |
|---|---|
| Un antes/después de tu mejor obra, con el municipio en el texto | Contenido de proceso sin contexto (un vídeo picando pared no le dice nada a quien no te conoce) |
| Una publicación que ya ha funcionado sola, sin pagar | Una publicación nueva que aún no sabes si gusta |
| El vídeo explicando plazos y fases de una reforma tipo | Fotos de catálogo o de proveedores |
| Un radio de 15-30 km alrededor de tu zona real de trabajo | Toda España, o intereses genéricos tipo «decoración» |
Dos avisos. El primero: cuidado con promocionar ofertas cerradas tipo «reforma tu baño por 4.900 €». Te va a llenar el teléfono de gente que solo mira precio, y si luego el presupuesto real sube porque la instalación estaba en mal estado, tienes un problema comercial y, según cómo lo hayas anunciado, también legal. Es más rentable promocionar una obra concreta bien contada.
El segundo: la publicidad no arregla una cuenta vacía. Si alguien ve tu anuncio, entra en tu perfil y encuentra cuatro fotos borrosas de hace ocho meses, se va. Ten diez o doce publicaciones decentes antes de pagar por tráfico.
Y no esperes resultados inmediatos, porque en reformas la decisión es lenta. Puede que un anuncio de marzo te traiga una llamada en septiembre. Eso hace que medir sea difícil, así que hazte una costumbre muy simple: pregunta a cada persona que te contacta cómo te ha conocido, y apúntalo. En seis meses tendrás datos reales de tu negocio, que valen más que cualquier estadística de sector.
Cómo saber si vas bien
No te obsesiones con los seguidores. En un negocio con radio de acción de 30 kilómetros, 700 seguidores de tu comarca valen más que 9.000 repartidos por el mundo. Fíjate en otras cosas: cuánta gente guarda tus publicaciones (señal de que le interesa para más adelante), cuántos mensajes directos recibes y si el alcance de una publicación concreta se sale de tu media.
Y comparar tu cuenta con lo que hacen otras empresas de reformas es útil, siempre que compares con datos y no con sensaciones. Puedes verlo sin pagar nada con el analizador: te dice cómo se está comportando tu cuenta y qué publicaciones tuyas han rendido por encima de lo normal. Esas son las que merece la pena repetir en la siguiente obra, y las candidatas a llevar detrás algo de presupuesto.
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